La permanente, un invento alemán

A principios del Siglo XX, los cabellos femeninos todavía se usaban relativamente largos, y se ondulaban para obtener una mejor apariencia. El método para el ondeado era el ideado por Marcel Grateau, con una tenaza caliente que sólo servía para cabellos largos.

Como los cabellos se comenzaron a usar más cortos, un nuevo método fue necesario para conservar la ondulación. El primero en desarrollar un sistema de ondulado permanente fue el peluquero y peinador alemán Karl Nessler (luego Charles Nestle), en 1905.

La permanente: un invento alemán

El 8 de octubre de 1906, el peluquero alemán Karl Nessler mostró al mundo una tecnología que cambiaría literalmente la forma del cabello durante el siglo siguiente. Después de años de experimentación, incluyendo dos intentos que casi incineran completamente el cabello de su esposa Katharina, Nessler perfeccionó finalmente un tratamiento químico con el que conseguía rulos permanentes en cabellos lacios.

Nacido en 1872 en la pequeña ciudad de Todtnau (Selva Negra), Nessler comenzó sus estudios, que continuó de por vida, sobre el cabello humano como aprendiz en una barbería una vez que finalizó sus estudios escolares. Mientras trabajaba y estudiaba en ostentosos salones de Ginebra y París, comenzó a experimentar el empleo de fuertes álcalis y el calentamiento del pelo. Al principio el proceso era peligroso y poco fiable, pero Nessler y los valientes sujetos con los que experimentaba, perseveraron hasta que el proceso fue comercialmente viable.

La patente que finalmente recibió Nessler en 1909 describió un proceso mediante el cual el cabello se envolvía firmemente alrededor de un rodillo de metal, tratado con hidróxido de sodio y luego calentado durante 10 minutos con unas pinzas cilíndricas que previamente se habían colocado sobre una llama de gas.

Aunque los clientes seguían arriesgándose a quemaduras y a la pérdida de sus rizos, Nessler encontró un proceso lo bastante fiable como para que la vanidad se enfretara a los peligros.

En 1911, ya había un número suficiente de mujeres deseando pagar el caro proceso del inventor (que para entonces había cambiado su nombre por el más afrancesado de Charles Nestle) como para permitirle abrir un salón en Londres, ciudad en la que se había asentado junto a su esposa, y al que llamaron “Casa del Rizo Permanente”.

La invención de Nestle se hizo tan popular que incluso le llamaban mujeres acaudaladas de París que querían que el propio inventor les hiciera una permanente.


Aviso publicitario de la permanente de Nesslers en la revista ‘The Ladies Field’, el 27 de junio de 1908.

Cuando irrumpió la Primera Guerra Mundial, las autoridades británicas confiscaron su negocio y lo internaron como “enemigo extranjero”. Nestle consiguió escapar del campamento de internación y en 1915 llegó a Nueva York, con el nombre falso de Señor Miller.

En Nueva York, había miles de imitadores que ya vendían rizos permanentes usando su proceso, pero Nestle fue capaz de sacar provecho de la pobre calidad que ofrecían esas versiones “piratas” y pronto fundó un salón de éxito en la Calle E 49.

Para 1927, ya daba empleo a casi 500 personas y vendía anualmente miles de máquinas para hacerse la permanente en casa. En 1928 vendió su negocio y la patente por 1,5 millones de dólares.

Antes de que finalmente perdiera buena parte de su fortuna en el crack bursátil de 1929, envió miles de dólares y donó 34 toneladas de ropa a Todtnau para aliviar la pobreza causada por la rampante inflación y el desempleo que golpeaban a Alemania a comienzos de la década de 1920.

Mejoras tecnológicas de la permanente

Eugene Suter
1920: Eugene Suter trabajando con la máquina de permanente diseñada por Isidoro Calvete.

La década de 1920-1930 hubo dos aportes tecnológicos fundamentales para el cabello: el desarrollo del primer secador de pelo portátil y las mejoras en las máquinas de permanentes.

Estas últimas estuvieron a cargo del suizo Eugene Suter y el español Isidoro Calvete, quienes desarrollaron un sistema tubular en el cual se insertaban dos bobinas dentro de un tubo de aluminio. El mechón de cabello se enrrollaba en espiral adentro del tubo permitiendo, así, que la parte mas cerca de la raíz, la más gruesa, reciba más calor que la punta.

Luego hubo variaciones y mejoras en el sistema, como la del checo Josef Mayer en 1924, y la afroamericana Marjorie Joyner en 1928, quien patentó una máquina en la cual el pelo se enrrollaba en cilindros.

La compañía de Calvete, ICall, creó en 1934 un sistema en el que los tubos eran desconectados de la corriente al ser aplicados, e iban disminuyendo el calor hasta el final de la operación.

En 1938, Arnold F. Willat inventó el «ondulado en frío», que fue un precursor de la permanente actual. El sistema consiste en enrrollar el cabello en rodillos y aplicar una loción reductora de tioglicolato de amonio, el cual corta la cadena proteínica en la queratina que da elasticidad al cabello. Luego se aplica una loción oxidante, peróxido de hidrógeno, que permite darle forma al cabello.

Aunque el proceso Nestle fue remplazado con otras técnicas que empleaban menos químicos caústicos y temperaturas más bajas, el núcleo de su visión (que nadie con pelo liso tiene que permanecer por siempre en ese estado, siempre que tenga tiempo y dinero para evitarlo) ha permanecido a lo largo de décadas de cambiantes tendencias y ha sobrevivido a no pocos desdenes.

Durante las décadas de 1930 y 1940, después de la Gran Depresión que afectó a la economía de todo el mundo, en 1929, los estilos femeninos serán algo más naturales, aunque siempre con una tendencia a las permanentes. Los cabellos se usarán más largos, hasta el cuello, y se empezarán a poner de moda las rubias platinadas.

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